Zoleidy Rentería Lara

1º Premio Escultura/Instalación

3º Premio Narrativa

Pitopoto el valiente
Pitopoto es un gracioso ratoncillo que le encantan las aventuras y lo
desconocido, es hijo de la señora trina y el señor simón, ellos al igual que
muchos animales más viven en el bosque cerca del rio, que es donde se
lleva a cabo la vida laboral y comercial del bosque ya que el agua es uno de
los mayores recursos que tienen en el bosque. Al igual que cualquier
chiquitín Pitopoto va al cole donde aprende y se divierte con sus amigos.
Su mejor amigo es Lucas el conejo a quien no le gustan tanto empezar
aventuras como Pitopoto, pero si le gusta acompañarle a descubrir sitios
nuevos o amigos que detrás de cada aventura quedan.
Pues bien, habiéndoles contado quien es nuestro pequeño Pitopoto. Quiero
contarles una aventura que tubo, la cual le cambio la vida por completo,
pues esta no lo busco él, de repente un día le llego.
A Nuestro pequeño Pitopoto le costaba mucho levantarse temprano, así
que normalmente Salía de prisa de su casa para llegar a tiempo al colegio,
pues a aquel día fue uno de esos, el salió disparado de casa, muy rápido iba
y decidió tomar un atajo que conocía el y Lucas el conejo, que los llevaba
justo a tras del colegio y más rápido que el camino habitual, pero esta
mañana era diferente, al pasar cerca del rio escucho un ruido muy fuerte, el
cual le hizo saltar del susto y vio que empezó a caer una lluvia de objetos
negros muy grandes, que caían al rio y a sus orillas, Pitopoto quedo justo
en el medio de unos de esos objetos negros, desde ahí empezó a espiar a
quienes tiraban eso al rio, eran humanos, siempre le habían enseñado que
los humanos son peligrosos y que no debía acercarse a ellos así que solo los
observo, eran dos hombres en sus camiones cargados con estos objetos
negros, que poco a poco vaciaban tirando todo al rio, al terminar se fueron.
Pitopoto intrigado y asustado corrió Asia el colegio y entro a la clase pero
ya era tarde, cuando Peter el castor que era su profesor le pregunto el
porqué de su tardanza, Pitopoto no sabía si quiera pronunciar palabras por
todo lo que había visto esa mañana, así que Peter le dio un tiempo para
tomar aire, al final pudo contar a Peter y a sus compañeros lo que vio, pero
el profesor Peter solo hizo un gesto de preocupación mas no de asombro
como los demás. Pues le pidió silencio a todos para explicar lo que él
pensaba que era, ¡son ruedas exclamo! ¿Ruedas? Preguntaron todos
sorprendidos pues no sabían que era eso, el explico que los seres humanos
se movilizaban en coche, los cuales utilizaban para moverse y utilizan
ruedas hechas con un material muy dañino para la naturaleza, y que su
excesivo consumo representaba un peligro para su bosque y su rio, asi que
propuso idear un plan para que aquellos humanos no volvieran a tirar
neumáticos al rio ni a su bosque.
Pitopoto y Lucas el conejo se fueron a su sitio de pensar, era el tronco de
un árbol caído que por el desgaste de los años tenía un agujero justo arriba
por el cual se veía el cielo, así que los dos amigos se tiraron al suelo en el
interior del tronco en el cual pasaron horas y horas pensando sin tener
ninguna idea, Lucas el conejo suspiro y dijo: si tan solo tuvieran miedo de
venir aquí así como yo tengo miedo de ir a las cuevas por los grandes picos
que hay en ellas, no se atreverían a venir ¡¡eso es Lucas!! Exclamo
Pitopoto… si lográramos asustarlos no vendrían más, ¿pero cómo?
pregunto decepcionado Lucas… haremos un monstruo gigante entre todos
y así los asustaremos, además lo aremos con sus mismos neumáticos,
vamos dijo Lucas y de un salto salió del tronco. Fueron corriendo a
contárselo a Peter y a él le pareció una fantástica idea, así que convocó una
reunión urgente en el parque del pueblo a orillas del rio, cuando estaban
todos reunidos Peter les dijo que Pitopoto y Lucas el conejo habían tenido
una excelente idea. Señalo todos los neumáticos seguidos y dijo: ¿ven todo
eso? Pues lo convertiremos en un monstro gigante, el cual asustara a los
humanos, entonces ya no vendrán más. Todo el pueblo asombrado e
ilusionado aplaudieron y silbaron ¡estamos de acuerdo! Dijeron.
Al día siguiente se reunieron todos y se pusieron patas a la obra, las
ruedas las apilaron para hacer los brazos y piernas con lianas unieron
piezas, los castores trajeron de las mejores maderas para hacer que
estuviera en pies y fuera más grande aun, las ardillas se encargaron de la
cabeza, por ojos pusieron nueces, Pitopoto y Lucas el conejo hicieron el
dorso al cual le abrieron dos agujeros para poder lanzar piedras y frutas
cuando estuvieran delante de los humanos. Al terminarlo lo observaron
y celebraron haberlo hecho tan grande y monstruoso, ahora solo tenían
que estar pendientes de cuando llegarían los humanos y para ello
Pitopoto les enseño sus lugares secretos de espía, los cuales habían
descubiertos tras muchas tardes de aventuras y juegos junto a Lucas el
conejo y otros amigos suyos, entonces se turnaran los pájaros, ardillas y
roedores para estar atentos a la llegada de los humanos. Así pasaron
nueve días y el décimo día por fin las ardillas quienes estaban en
guardia ese día, gritaron ¡vienen vienen! ¡Los humanos vienen! Bajaron
corriendo y todos se metieron dentro del cuerpo del monstruo para hacer
creer a los humanos que aquella creatura tenia vida. Al llegar los
humanos vieron ese monstruo y con curiosidad se acercaban poco a
poco a ver que podría ser pues nunca habían visto algo parecido
entonces Peter dio la orden y empezaron hacer sonidos muy fuertes y a
mover los brazos del monstruo y Pitopoto con Lucas el conejo tiraron
frutas desde el pecho del monstruo con fuerza para que les ahuyentara
aún más, los humanos nunca se esperaron ver tal criatura en el bosque
así que sintieron tanto miedo que echaron a correr subieron a sus
camiones y se marcharon y nunca más volvieron al bosque, finalmente
aquellos animales pudieron tener de nuevo tranquilidad y para no
olvidar aquel día, los castores tallaron en un tronco de madera a
Pitopoto y a Lucas el conejo tumbados mirando al cielo, recordando
siempre que gracias a esas mentecitas llenas de imaginación pudieron
salvas la vida de su bosque y la pureza de sus ríos.
Pitopoto siguió siendo ese ratoncito de imaginación sin límites la cual lo
llevaba a descubrir nuevos lugares secretos en el bosque, junto a Lucas el
conejo su familia y demás amigos, vivió siempre feliz en su bosque.