Dieynaba Aboubakry Aboubakry

1º Premio Narrativa

1º Premio Poesía

“Al otro lado del mar”
– No crucé a voluntad ese mar. No subí a ese trozo de madera inestable, frágil y sin
seguridad por azar. No me apilé con cuarenta personas más en una barcaza de seis
metros de largo y quizá dos de ancho, donde apenas teníamos movilidad, ni por
comodidad ni por el simple echo de viajar. No dejé que mi vida pendiera de un hilo y
quedara expuesta ante la voluntad de un mar caprichoso por ser un deseo más de mi
vida. No pagué todo el dinero que pude reunir (que me fue posible reunir en un país
conflictivo) a un señor que me aseguraba que llegaría a la costa de la felicidad aun
sabiendo que podría naufragar, o aun peor, morir a manos de la tempestad y que
posiblemente no me encontraran jamás, por querer ser más. No me fié del capitán de
esa patera, que abandonó la embarcación poco después de comenzar a avanzar, como
quien sabe que esa misión va a fracasar. No fue por gusto. Me congelé, me insolé, me
asusté, lloré, y hasta excreté encima de mi y de los demás. Y no, no fue por placer.
Fue por necesidad.
No me juzgues, porque sinceramente te digo que uno no viene aquí a molestar.
Nos pintáis como vuestro mayor enemigo, como los autores principales de la
“pobreza” de vuestro país, los causantes directos de vuestras crisis, el principio del
efecto que tanto os gusta nombrar: el “efecto llamada”, dando por sentado que
venimos a voluntad, sin entender que emigramos porque no nos queda otra, porque
no existe otra posibilidad, porque es una cuestión de vida o muerte. Nos veis como el
parásito que llega, agrede tu espacio natural y se queda para seguir viviendo con todo
a cambio de nada. Pero intentad entender esto: solo vine buscando una oportunidad,
una oportunidad de vivir, de sobrevivir. No vine a robar a tu país, ni a destruir tu
patria, ni a apoderarme de tu lugar. Vine a comer, a dormir y a respirar. Vine a lo
luchar. Tanto por mi, como por ti y por los demás. Y otros tantos vienen por las
mismas razones que yo.
No me juzgues por querer abandonar una guerra. No me juzgues por abandonar
una sociedad que me iba a prostituir, amputar, anular o incluso matar. No me juzgues
por querer dejar atrás una vida fundada en una cuneta sucia, un robo diario de forraje
para el ganado a la casa de atrás, una piel marcada por los látigos de la miseria y un
estómago corroído por el hambre. No me juzgues porqué no quise morirme de
hambre, porque nadie elige morirse de hambre. No me juzgues porque no quise morir
a secas, porque tu, yo y todos queremos vivir. Merecemos vivir.
No me juzgues porque no vine aquí a vivir de gratis. Lo repito: vine a luchar, a
luchar y a luchar y a luchar si es que se puede luchar más. Vine a trabajar siete días a
la semana si hace falta, a romperme la espalda, a cargarme las manos y dejarme el
cuerpo y el alma por un salario de lo más normal. Vine a ser esclavo de mi
nacionalidad y de este color de piel que tiene por defecto el efecto de sufrir por y a
costa de los demás. No me acuses de querer desestabilizar tu hogar, tu gobierno, tu
sociedad, que no vine a eso. Que vine a implorar, aun a riesgo de dejar mi vida en alta
mar.
No me juzgues por venir buscando una revolución que armar. Una revolución
que me ayude a volver a cruzar en mar, pero esta vez, al lugar que dejé atrás cuándo
no podía más. Una revolución que me permita volver a aquello que nunca he dejado
de amar, mi tierra, mi gente, mi sangre, mi hogar. Y que me permita devolver la paz a
ese lugar. Y sí morí por el camino, te digo que lo hice dejando atrás una familia que
me va a enterrar. Dejando a mi madre que no puede, a mi padre que no tiene y a mi
esposa que no vivirá más. A mis hijos que serán víctimas del azar. Vine para poder
pagarles a ellos, el billete a la libertad, y con un poco de suerte un visado, un pasaje y
un reagrupamiento familiar. Vine a luchar por el pan que mi tierra no nos da.
Pero si llegué vivo, te digo que me equivoqué de lugar al viajar. Hoy, demasiado
tarde, pero hoy me he dado cuenta de ello. Hoy, aquí, siendo Ahmed y Aisha de
diecisiete años, Bilel de cuarenta y cuatro, Meriem de doce, Samar de 21 y todos los
demás. Me ataca la nostalgia, hoy que se me clavan los segundos, los minutos, y las
horas que quedan para abandonar este lugar. Un lugar que no me quiere, no me acepta
ni me respeta por mucho que aparenta delante de los demás. Un lugar donde cruzo la
calle y la gente me mira de reojo y comenta por la espalda “a ese le dieron una ayuda
nada más llegar, y yo aquí que no puedo ni pagar los libros de mis hijos”, que no digo
que no tengáis razón, pero hay algo que no tenéis ni comprenderéis: la latente y
dolorosa preocupación dentro del pecho de si sus todavía hijos viven, y peor, la
abrumadora y aplastante incertidumbre de si seguirán vivos, cuando volváis a casa.
A los que estáis pensando en sacrificar todo por una vida mejor, os digo: me
equivoqué de mar, de estrecho, de continente al que emigrar. Y caí en otra trampa
mortal. Un lugar aún más lejos de la libertad. Un mundo donde sangrar, un sociedad
que hoy nos recibe y hoy mismo nos vuelve a deportar. Porque total, a quien le
importa, un muerto de hambre menos, un muerto de hambre más.
He ido a parar a un mar que diluye mis sueños en agua y donde mis ilusiones
quedan tan ahogadas como mis compañeros quedaron en el estrecho de Gibraltar,
volviendo a ser víctima del agua salada que liquida a la mayoría de los valientes o los
estúpidos que se atreven a cruzar.
Viajé queriendo dejar de llorar, queriendo dejar la pena y la miseria atrás. Viajé
buscando un lugar dónde de la muerte me pudiera refugiar.
Y al final me encontré en otro océano que me ahogará, un océano llamado
“Europa occidental”
Eso sí, a los que encontré aquí, a los que me acogieron a su manera, a los que
me sacaron del agua con una hipotermia, desnutrido y deshidratado, a vosotros
agradezco con todo mi corazón y toda mi alma, algo que en mi país no podría ni
soñar. Siendo más o menos querido, más o menos odiado, más o menos marginado,
os agradezco el simple hecho de que me hayáis tratado como un humano, con la
dignidad que se merece un humano y no como la “mierda” que pisas sin querer y no
te queda más remedio que limpiar –
Pensé, de pie ante las cálidas aguas del Mediterráneo, mientras contemplaba al
otro lado, las tierras que me habían hecho tan feliz y a la vez tan desgraciado. Le
dediqué un ultimo y fugaz pensamiento a la mi familia, que había muerto al otro lado
del mar esa misma mañana, en un intento suicida de huir de la guerrilla que los
oprimía. Le dediqué un reproche, un agradecimiento y una explicación a la vida y me
adentré a las aguas como alguien nuevo: alguien con la certeza de que una vida de
vacío emocional no estaba hecho a su medida, con la seguridad de que un mundo sin
sus allegados no era para el y el pensamiento claro de que debió morir por el camino
aquella vez. Levanté el revolver a la altura de mi cien y disparé.
Y el cuerpo de Mamoudou se dejó arrastrar inerte, mientras su mayor sueño,
frustrado, se desvanecía en el ambiente y su alma navegaba entre las de todos
aquellos que anteriormente habían muerto por cruzar en una barcaza para comer algo
de pan fresco, o como el, se habían ahogado en medio de su propia soledad.

No me mates
No me acaricies así que quema
No retuerzas mis raíces con fuerza.
No apreses mi libertad y dejame volar
No me mientas ni te mientas
afirmando que no lo harás nunca más.
No me acaricies así que quema
No arrincones, ni ates ni lastimes mis alas
y encuentra en mi vuelo lo que quieres expresar
cuando me golpeas y afirmas que me amas.
No me acaricies así por favor
que solo soy una flor
que magullada y marchita a falta de amor
se estira bajo el árbol que le asfixia
buscando rayos de vida, rayos de sol.
No me acaricies así que arde
ni sepultes mis palabras bajo tus gritos cobardes.
No me vacíes, ni me consumas, ni me diluyas
No me maltrates, ni me hagas tuya, ni me destruyas.
No me acaricies así que ardes
no hagas arder mi ser ni hagas sangrar mi piel
no me vacíes de ilusiones
a medida que pasan las tardes
A ti te dedico mi grito de amor
y a ti, que no sabes, te enseño el camino de amar.
A ti cobarde maltratador
te doy la oportunidad de devolverme el color
pero no me apagues amor, no me mates.
Que hoy me quiero viva
y llena de arte.